domingo, 13 de agosto de 2017

Silencio Agorero

Silencio agorero.

 Era una mañana soleada de invierno en la ciudad de los tres pisos humeante a leña de monte y vapor de veredas escarchadas. La luz dibujaba caricias de distinta intensidad en los techos de casas, almacenes y molinos,  el musgo reverdecido aparecía entre las grietas de  los techos y muros, y más allá en los cerros una bandada de jotes sobrevolaba los fragmentos de un bosque muerto. La ciudad adormecía y el bus bajó serpenteando las avenidas de Pedro de Valdivia y Ercilla,  al llegar a  calle Almagro un perro acostado en medio de la calzada, inmóvil y desafiante esquivó apenas al bus.  Abajo  arrodillado,  el  río Imperial transmutando en espejos recita en silencio historias sumergidas de lo muerto y lo viviente,  y abrazando  a la  ciudadela de los vestidos rotos,  le susurra  que espere a los kultrunes, a los pies descalzos  y a los lingues.


Gabriela Garcés, 2016, Carahue.

sábado, 12 de agosto de 2017

Valoración de la identidad cultural, promoción de la salud mental y espiritual.


Fueron muchos casos en que las abuelas, abuelos, madres y padres ocultaron la identidad cultural y  lengua mapuche a sus nietos, hijos e hijas como “un gesto de amor” así lo describe Jessica Huenteman quien narró su experiencia como niña y mujer mapuche en el Seminario Araucanía Cultural organizado en la UCTemuco. Asi también nos lo contó el lonko Miguel Treumún en una conversación sostenida recientemente en Carahue. Este ocultamiento  se extendió durante decenios: para  que pudieran  defenderse en los litigios de tierras, para que en la escuela no los maltrataran, para que en el pueblo no fueran tan discriminados, para que en el comercio no fueran engañados, etc.  Con el transcurso del tiempo ese gesto de amor y de protección hacia las nuevas generaciones, significó  una pérdida creciente  de la lengua y  de la cosmovisión mapuche: los valores, normas y regulaciones  que orientaban la vida de las comunidades y la formación integral de la persona; el  Az che que se compone por la sabiduría (kim che), Rectitud (Nor che), cordialidad (Küme che) y la fortaleza (Newen che), formación sustentada en el respeto y conexión con los otros seres vivos y  elementos de la naturaleza. Un aprendizaje que era traspasado de generación en generación.
Esta acción  de ocultar para proteger significó el tener que negar una identidad y una cosmovisión  y reemplazarla por el sistema  de valores,  creencias, y regulaciones sociales de la cultura chilena-occidental,  la  que  históricamente se construye en el distanciamiento y diferenciación de los pueblos originarios, teniendo como referente y aspiración  asimilarse a lo europeo-occidental, esto es,  blanqueando y negando el origen mapuche e incluso el mestizaje. Sin embargo,  en la Araucanía a diferencia de las regiones del centro del país  donde el modelo de  industrialización de a mediados del siglo XX consolidó grandes centros urbanos que atrajeron a  grandes masas de población campesina chilena y mapuche. En la Araucanía, persistieron formas tradicionales de economía agraria; traspasándose de forma intergeneracional el apego a la tierra,  las faenas  según los ciclos de la naturaleza, la vida comunitaria, etc. A su vez,   también  se traspasaron  a través de la sangre, los pómulos altos y los ojos achinados,  como canta Quelentaro,  y  una morenidad  que la chilenidad no ha aceptado y que ridículamente parece incomodarle.
Llevando esta reflexión al tema de la prevención planteo que todo ello se relaciona con el trauma histórico e intergeneracional que en palabras de Mitchell, autora Canadiense,  los pueblos originarios en general  y el pueblo mapuche en particular ha sufrido.  Trauma que radica en el despojo, desvalorización y pérdida de una cosmovisión milenaria, de un territorio y de una identidad personal y colectiva. Este trauma social ha impactado e impacta en las personas y  puede manifestarse como auto estigma, aislamiento, depresión, alcoholización y marginación. Y a nivel social con la desintegración  y pérdida de los lazos de apoyo comunitario.  En este sentido se plantea que  la sanación de ese trauma, en uno de sus aspectos paradójicamente resignificado  como un gesto de amor y protección, pasa por el re-conocimiento y  revalorización de los orígenes y de la cultura. En palabras de Elicura  conocer y aceptar nuestro  espejo físico y espiritual, aprender a amar y conocer lo que nos ha tocado vivir en la Araucanía.  Esta vez el gesto de amor, que otrora significó el ocultamiento y pérdida cultural, puede ser devuelto desde la sociedad nacional, con la aceptación  y reconocimiento oficial a un pueblo, una cultura y una sabiduría que en palabras de Elicura Chihuailaf está contenida en el libro fundamental de los pueblos nativos en general y del pueblo mapuche en particular: la naturaleza. 

Gabriela Garcés

2016



sábado, 29 de julio de 2017

Sobre la maleabilidad de la naturaleza humana

La maleabilidad humana es un tema que desde hace bastante tiempo aparece en mis reflexiones y cuestionamientos, como una curiosidad, pero también por una preocupación más profunda. Esta maleabilidad es la condición humana base de la emergencia de los sistemas simbólicos de comunicación que hacen posible el traspaso de experiencias, conocimientos y propósitos de una generación a otra y que ha dado sentido a nuestra evolución como especie humana. Asimismo es la condición que está en la base de la necesidad de construir sociedades mas integradas que logren configurar unidades cohesionadas (familias y otras instituciones) óptimas para la endoculturación o socialización. Por otra parte, es la constante y latente  amenaza que fragiliza y pone en riesgo cualquier atisbo de consenso y organización social, (maleabilidad como mecanismo de ruptura y cambio social). Esta amenaza oscila en un amplio espectro de funestas posibilidades. Basta un ser humano que crezca desprovisto de las vestiduras culturales para que devenga en un ser bestial. Basta un niño que crezca en el abuso y el desamor para que devenga en un ser carente de empatía y probablemente un psicópata. Basta una sociedad que legitime la violencia de Estado  para dar a la luz una guerra y una guerra puede terminar con una civilización. Basta una generación que crezca amparada sólo en su propia naturaleza para dar fin a miles de años de historia. Basta un pueblo que sea invadido por credos dogmáticos con fines expansionistas para retroceder en los derechos de equidad de género y de autodeterminación de pueblos indígenas. Basta una sociedad nacional que no promueva la cultura y las artes para crear una sociedad sin memoria, obediente y disciplinada funcional al modelo económico hegemónico.
La gran maleabilidad humana, esa condición que nos ha permitido sobrevivir y adaptarnos a contextos, territorios y geografías tan diversas tiene esa doble implicancia es una condición de amenaza constante que es cautelada por la institucionalidad social, por la arquitectura de leyes, normas, religiones. Es el techo de la escalada o es el principio que plasma, que evidencia, que constata la  naturaleza profundamente social de los seres humanos y por lo tanto la dependencia a ella. De ahí el interés de la política, de ahí la importancia de este quehacer-fundante  tan desprestigiado.  

Problematización: La maleabilidad como condición que también nos libera, de las verdades antropomórficas, como señala Nietzche el instinto como naturaleza vital. 
Entonces, con lento ademán, se la acerca a los ojos y trata de leerla. No tengo prisa, hay tiempo de sobra, se dice presa de una extraña seguridad, como si por fin todo le estuviera permitido: como si no tuviera que mostrarse cortes, ni cumplir las reglas ni el protocolo, como si ya no fuera necesario apresurarse, decir galanterías o interpretar el papel de caballero refinado. Es uno de los momentos en que la vida echa por tierra los tratados, en que las reglas del juego pierden validez. Y darse cuenta de ello resulta un tanto humillante, pero también conforta en cierta manera. Es posible que un loco se sienta a sí en el instante inicial, cuando la razón se separa del mundo del orden y las leyes conocidas. Ahora podría sentarme en el suelo y quitarme los zapatos-piensa.
(Sándor Marai, La Gaviota pp.26).

De esta novela que recién comienzo a leer considero pasajes notables, bueno en general como en todos las obras que he leído de Marai. Cuando las construcciones personales, que nos sirven para dotar de sentido y sobreponernos a las situaciones  muestran  su ahora evidente fragilidad, cuando caducan ante el hecho que aparece inesperado a contra corriente de la conciencia habitual.


-----Porque quiero a mi humanidad me apuro, me encierro y me expando, pienso, pienso en el presente, martirizo a mi ego procurando que brote el manantial más puro de mi conciencia y de mi intuición. Pienso en mi género, pero primero en mi humanidad y mi pensar la humanidad emana desde mi género, desde este ser mujer que es una vivencia en rebeldía constante y la vida se vuelve una pregunta. Transitar por caminos internos, buscar las huellas de aquellas que abrieron senderos, y también abrir otros nuevos, reconocer las señales, reconocer las luchas, reconocer los despertares, reconocer las etapas de cada despertar. Y cargar con el peso transgeneracional de una historia, cargar lo invisible, cargar lo insostenible...y luego liberarse y luego no retroceder y reconocer las señales y avanzar----. GG.

viernes, 17 de junio de 2011

Hay momentos en los que toda una generación se encuentra extraviada entre dos épocas, entre dos estilos de vida, de tal suerte que tiene que perder toda naturalidad, toda norma, toda seguridad e inocencia. Es claro que no todos perciben esto con la misma intensidad. Una naturaleza como Nietzsche hubo de sufrir la miseria actual con mas de una generación por anticipado; lo que él, solitario e incomprendido, hubo de gustar hasta la saciedad, lo están soportando hoy millares de seres.
Hesse, El lobo Estepario.

Nunca ha tenido hombre alguno una necesidad más profunda y apasionada de independencia que él. En su juventud, siendo todavía pobre y costándole trabajo ganarse el pan, prefería pasar hambre y andar con los vestidos rotos, si así salvaba un poco de independencia. No se vendió nunca por dinero ni por comodidades, nunca a mujeres ni a poderosos; mas de cien veces tiró y apartó de sí lo que a los ojos de todo el mundo constituía sus excelencias y ventajas, para conservar en cambio su libertad. Ninguna idea le era mas odiosa y horrible que la de tener que ejercer un cargo, someterse a una distribución del tiempo, obedecer a otros. Una oficina, una cancillería, un negocio eran cosas para él tan excecrables como la muerte, y lo mas terrible que tuvo que vivir en sueños fue la reclusion en un cuartel. A todas esas situaciones supo sustraerse, a veces mediante grandes sacrificios. El lobo Estepario , H.Hesse.

jueves, 6 de enero de 2011

jueves, 19 de agosto de 2010

NEHUENTUE




El lugar donde trabajo, pueblo de Nehuentue, provincia de Cautin, región de la Araucanía.


La ruta de la Araucania costera, una buena alternativa...

...para quienes gustan de paisajes naturales... avistamiento de aves y los humedales de Monkul.
Fotografias del colega Juan Carlos Jara

jueves, 1 de abril de 2010

Por las rutas invisibles del sur
La Araucanía Profunda






El Ruka pillan (casa del diablo), Volcán Villarrica. Fotografiado desde la localidad de Ñancul. campo de la familia Neculpán





















carretón leñero, niña jugando con carretilla (campo en Relin)









camino de la lava, Challupén.











Localidades y comunidades de la región.










Niño en Liumallia







"No volverás....del fondo de las rocas,
no volverás.... del tiempo subterráneo,
No volverá.... tu voz entumecida,
No volverán... tus ojos taladrados.
Sube a nacer conmigo hermano.."


El campo es de las comunidades o es trabajado por estas. En estas zonas la mayoría de la poblacíon se autoidentifica como mapuche o tiene apellidos mapuche.












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sábado, 27 de marzo de 2010

Las réplicas del miedo

Sobre las réplicas del miedo.
27. F. 2010

El terremoto sacudió el polvo y las conciencias, remeció la inercia y el aburrimiento y atentó contra nuestros cimientos materiales, psiquicos y trascendentales.


El terremoto nos sumió a todos en un estado de sueño profundo, sumergidos en la misma gran piscina del miedo, en esos instantes éramos frágiles y redescubrimos que lo somos, la naturaleza lo quiso decir, lo quiso recordar. El terremoto nos igualó, en esos instantes de angustia y miedo éramos todos humanos, todos partículas prestas a ser volatizadas. La tierra se despegaba de los pies, se separaba de nosotros y nos rompía, provocando quizás unos de los temores más grandes de nuestra especie.


Pienso que las distinciones por género y sexo no deberian alcanzar otras dimensiones mas allá de la biológica, pero quizas no es tan errado afirmar que las mujeres sienten un temor mas fuerte, les es mas difícil mantener la calma, reaccionan con histeria e irracionalidad; es la tierra que contiene los frutos la que se aleja, le abandona, volviéndose una antimadre del mundo... de la realidad entera.

La mujer teme por sus hijos que no están cerca, al alcance de su protección, de ahí proviene el terror, de la impotencia, de ahí el sentimiento de casi-culpa.

Al vivir un terremoto de manera terrorifica (entiendase eso por cualquier circunstancia que agraba la sensación de vulnerabilidad ante el terremoto; -gritos, desesperación de otros, pisos altos, destellos de luces, etc). Es difícil no imaginar la necesidad en la creencia de un orden superior, urge una fuerza que calme y ponga todo en orden nuevamente. En esos instantes, muchos claman piedad, misericordia, otros se preguntan con horror ¿Qué es esto?.
Como me dijo un amigo, un terremoto remueve los niveles ontológicos del ser: es la tierra sobre la cual se alzan los pilares, la base, la máxima expresión de la realidad...
Desde el cielo puedes caerte, en el agua te puedes hundir, pero que se caiga la tierra, donde se hiza la construcción de nuestra humanidad inunda de un miedo profundo y antiguo, no filosófico, sino instintivo.









jueves, 25 de marzo de 2010

Coigüe

Es necesario, cada cierto tiempo vivir y sentir el compás del tiempo ... vivenciar el ocio en su estado mas puro, Aunque sea por un breve, breve lapso de tiempo.
Al tiempo le gusta ser "paladeado" y se vuelve nutriente que
nos embellece, como embellece a los árboles pacientes.

 Escapismo ilógico I Desperté abrumada,  no había alcanzado a resolver el dilema durante el sueño y aún tendría que esperar por una señal má...